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CAPITULO 6

El llamado a la acción

Creemos que América Latina debería encauzar el surgimiento de Tecnolatinas para participar en la revolución industrial en curso, construir la economía del siglo XXI junto con un camino de abundancia. Las Tecnolatinas ya han probado que nuestra región puede innovar, crear valor y competir en los espacios tecnológicos emergentes. Pero sólo han rasguñado la superficie. Con una acción consistente y deliberada, la región y sus jugadores pueden llevar el juego a todo un nuevo nivel y hacer de la innovación emprendedora, el motor  principal de una creciente economía creativa. En esa línea vemos cuatro grandes palancas para alcanzar este objetivo.

El área de oportunidad más inmediata es impulsar el ecosistema de los inversores. Necesitamos más capital inteligente para los emprendedores a lo largo de América Latina, para permitirles perseguir con éxito sus proyectos, pararse y moverse en el campo de juego más comparable a lo que hacen los empresarios fuera de la región. La de hubs de innovación como Silicon Valley e Israel, muestran que los ecosistemas de startups sólo despegan cuando se crea capital de riesgo. También demuestra que puede ser rápidamente alcanzado con las políticas adecuadas en su lugar. El financiamiento local en etapas tempranas es particularmente crítico, es de fácil acceso y es un espacio donde constantemente se elaboran nuevos modelos de financiamiento. Por otra parte el capital de la etapa posterior, se puede encontrar más rápidamente en el extranjero y requiere mercados de capitales más maduros. Los gobiernos precisan remover los obstáculos legales y fiscales para los inversionistas y fondos ángel, permitiendo un crowdfunding equitativo. Al mismo tiempo, los inversionistas necesitan una nueva mentalidad al enfrentarse y aprender cómo identificar oportunidades atractivas desde el principio; enfocándose en la creación de valor a largo plazo y compartiendo valor con emprendedores talentosos con espíritu capitalista 3.0.

Una segunda avenida está conectando los puntos.  Aunque América Latina tiene muchas piezas del rompecabezas de la innovación, están desconectadas. Son decenas de miles de emprendedores y científicos, pero las oportunidades para que se conecten entre sí de manera eficiente todavía están por crearse. La región gasta US$ 28MM en R&D cada año, pero la conexión con las necesidades del mercado no está realmente allí. Al no existir unidades de transferencia tecnológica efectivas ni contar con marcos legales necesarios, los incentivos para la verdadera innovación corporativa, todavía siguen pendientes. Grandes empresas y startups en la región se ignoran mutuamente y de manera constante, sin haber encontrado hasta ahora una forma de colaboración que de paso a modelos abiertos de innovación. Otra razón de peso para explorar las sinergias entre ambas partes, es que la innovación no está suficientemente conectada con las necesidades de la base de la pirámide y con los desafíos ambientales regionales, porque el poder de conectarse, interactuar y colaborar entre sí es muy poco apreciado aún y frecuentemente es sometido por iniciativas individuales o intereses colectivos.

Un tercer camino está estableciendo un entorno más amigable para las startups. La mayoría de los países latinos presentan ambientes poco amigables para los emprendedores. A menudo, crear una compañía lleva meses. La navegación a través de los sistemas tributarios complejos y burocráticos, generalmente consume una cantidad de tiempo excesiva. El fracaso de las compañías se castiga con años de pantanos legales y estigmas sociales. En algunos casos, las restricciones de capital, los complicados esquemas cambiarios y la elevada inflación, hacen de las operaciones internacionales una pesadilla que asusta a los inversores. Para respaldar, retener y  atraer a los mejores emprendedores para que puedan crear trabajo y negocios exitosos, es fundamental el hacer las cosas más amigables para empresarios e inversionistas. Esto puede lograrse mediante el fomento de una cultura que celebre el tomar riesgos y encare el fracaso como una oportunidad de crecer y aprender. El éxito debe ser celebrado, incluyendo todas las pérdidas y errores que pueda haber en el proceso.

Otra oportunidad masiva más agresiva hacia los mercados. Hoy en día la mayoría de las Tecnolatinas son jugadoras de Internet, ya que las barreras de entrada cayeron y los mercados se han expandido velozmente allí. Pero como lo están probando algunas startups líderes, las Tecnolatinas pueden también aprovechar otros prometedores aunque menos visitados espacios de oportunidad, donde dinámicas similares se están llevando a cabo. La robótica avanzada, la biología sintética, la fabricación de aditivos, la inteligencia artificial, el Internet de las Cosas, los servicios en blockchain, la realidad virtual y la realidad aumentada, los recursos renovables y la medicina digital, generarán reservas de valor por encima de los billones de dólares en la próxima década. Solo algunos años atrás estos mercados eran insignificantes y de difícil acceso, pero hoy son grandes, abordables y de rápido crecimiento, con algunas startups en la región. Todo esto se explica por la mentalidad, la mayor barrera de entrada. Podemos crear espacios nuevos enteros, particularmente a través de las innovaciones tecnológicas, de producto y del modelo de negocio, para atender las necesidades sensibles ignoradas o descuidadas de la vasta mayoría de la población latinoamericana.

Finalmente, otra oportunidad para abordar el fortalecimiento de la reserva de talentos.  Por ejemplo, mediante la creación de vías para las mujeres para construir startups. También podemos mostrar a nuestros jóvenes con más talento, que el emprendedurismo puede ser una carrera atractiva y una opción interesante para acceder al ecosistema. Podemos proveer visibilidad a los modelos a seguir, para que puedan mostrar a otros cuán satisfactorio, impactante y gratificante puede ser el emprender. Es de esperarse un aumento significativo en la presencia de mujeres en el ecosistema. Las escuelas y universidades pueden equipar a los estudiantes con habilidades emprendedoras y promover cursos STEAM ( Por sus siglas en inglés: Ciencia, Tecnología, Ingeniería, Arte y Matemática), haciéndolos más atractivos y relevantes. Los MOOCs también pueden utilizarse para proveer contenido educacional de calidad gratis como “El Arte del emprendedurismo”, desarrollado por Surfing Tsunamis y Acamica o conferencias de “Cómo construir una startup” por Y-Combinator y Stanford. Podemos subir el puesto multiplicando el porcentaje de personas que terminan la escuela secundaria y sus estudios universitarios. Podemos construir instituciones de aprendizaje e investigación de primer nivel focalizadas en la tecnología que se invierte en centrales de innovación.

Para desbloquear este tremendo potencial, la región necesita liderazgo y una nueva mentalidad. Los líderes empresariales, gubernamentales y de opinión deben poner el talento, la innovación emprendedora y la economía creativa en el centro de sus estrategias de negocios. Es necesario dejar atrás la ilusión de que los recursos naturales son el único motor que puede propulsar a la región y sus países, dentro de una era de abundancia, cuando vivimos en una época de acelerado progreso tecnológico. El resultado de una aproximación como ésta, toma tiempo: el ecosistema necesita madurar. Es por eso que los esfuerzos en esa dirección deben ser sostenidos – aunque sea duro a veces –  para ser fructíferos. La oportunidad es única: el poder de la innovación de crear valor duradero nunca ha sido tan grande o ha estado tan cerca de alcanzarse. Un requerimiento final: los líderes regionales en todos los ámbitos necesitarán superar la tentación de proteger el pasado, optimizar el presente y trabajar en espacios creativos para construir el futuro. Todos los jugadores, públicos y privados, tienen un rol para hacer que esto suceda .

Los padres pueden educarse y exponer a sus hijos a nuevos campos tecnológicos y aplicaciones.  Deberán explorar juntos distintas trayectorias profesionales que fueran relevantes para el futuro, ser abiertos y alentadores respecto de sus preferencias y elecciones: convertirse en emprendedores o en desarrolladores de juegos, puede llevarlos a un futuro feliz y próspero.

Las escuelas deben repensar su currículum, su enfoque y sus métodos para proveer a los estudiantes con habilidades del siglo XXI, como creatividad, comunicación, colaboración y pensamiento crítico. Deberán involucrar a los estudiantes con experiencias basadas en proyectos y exponerlos al mundo emprendedor. Deben familiarizarse con tecnologías exponenciales e indagar tanto las oportunidades como los retos que les traerán, para crear un futuro centrado en el ser humano, de abundancia amigable con el planeta, inclusión y regeneración. Deben generar nuevas formas de inculcar valores como la curiosidad, el coraje, la ética y el liderazgo.

Los estudiantes deben hacerse cargo del futuro, seguir sus pasiones y abrazar la noción de que vivirán dentro de un escenario de cambio acelerado, que pueden amoldar si ellos así lo elijan. Pueden estudiar las vidas de emprendedores, aprender a codificar con cursos en línea, pueden convertirse en fabricantes y hackers de dispositivos antiguos, crear sus propios sitios online, apps y hasta startups y encontrar nuevas maneras de usar estas tecnologías para salvar el planeta y cambiar la vida de todos nosotros; pero lo más importante, de los más vulnerables.

Las universidades deben hacer de las Tecnolatinas y la revolución tecnológica en curso, un nuevo campo de estudio e investigación. Deben fortalecer sus programas de transferencia de innovación y tecnología, crear oportunidades para estudiantes de distintos campos para conectarse e interactuar y lanzar aceleradoras (como hicieron Stanford y Hardvard) donde los estudiantes pueden aprender emprendedurismo creando espacios para construir nuevos productos y servicios. Sus proyectos de estudio pueden cobrar vida, haciendo de la relevancia del negocio un requerimiento y así allanando el camino para nuevas startups con el coaching apropiado, mentorías y financiamiento.

Los inversones deberán reconsiderar cómo invierten en startups y explorar este espacio colocando apuestas limitadas, hasta que hayan adquirido el conocimiento suficiente para hacer movimientos más audaces. La mentalidad de inversión, las herramientas, el criterio y el proceso, son totalmente diferentes de lo que han aprendido en las escuelas de negocios y aplicado en oportunidades tradicionales, incluso en el espacio de capital privado. Deberán entender que para triunfar tienen que tener una mentalidad de abundancia y servir y aprender del emprendedor en lugar de dominarlo y explotarlo. Aquí, los equipos de alta potencia – antes que los planes de negocios – son críticos para el éxito. Y es un hecho que las decisiones de inversión en etapas tempranas, deben tomar sólo unas pocas interacciones. Este es un entorno de alta confianza, en donde la reputación es un activo difícil y la colaboración es la norma.

Las corporaciones deberán darse cuenta que los líderes globales alrededor del mundo, están creando marcos de innovación abiertos, para colaborar con las startups y así reconocer que es más probable que la disrupción venga por fuera de sus organizaciones. Deberán darse cuenta de que sus equipos pueden ser mucho más efectivos al interactuar con startups y aprender de su playbook.  Deberán experimentar activamente con hackathons, aceleradoras, espacios de mercado, espacios de coworking y fondos de capital riesgo corporativos. Deberán entender que el equilibrio de poder entre David y Goliath está cambiando, que las oportunidades de colaboración existen y que el mejor curso de acción es juntar fuerzas.

Los gobiernos deberán dar cuenta que las Tecnolatinas son la llave para construir  una economía dinámica en el siglo XXI y ser más agresivos en la búsqueda de nuevas estrategias para su desarrollo. Hace apenas cinco años, solo una de las cinco compañías más valuadas en los EE.UU era de base tecnológica (Apple) y representaba un valor US$ 376MM. En la actualidad, las cinco mismas tienen base tecnológica y representan un valor colectivo de US$$ 2.323MM. Mucho se ha hecho en los últimos años, pero aún queda mucho por hacer para lograr transformaciones más amplias en áreas como educación, regulación y actividades que incentiven el desarrollo.

En conclusión, la  revolución de las Tecnolatinas acaba de comenzar. América Latina tiene una oportunidad histórica de abrirse camino en el siglo XXI  y estas compañías suministran un vehículo único para conseguir esta meta. Las Tecnolatinas también abren la posibilidad de una transformación cultural que conducirá a un futuro de la meritocracia, colaboración, sostenibilidad y reinvención constante.

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